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lunes, 15 de septiembre de 2008

La Pirámide de la planeación

Entre las propuestas académicas desarrolladas por el profesor José Luis Lazarte en sus clases de Administración y gestión empresarial, una de las más interesante es La Pirámide de la planeación, que es un ordenamiento jerarquizado de los instrumentos de esta primera actividad del proceso administrativo, a través de la cual las organizaciones modelan su acción empresarial. Tal como él lo explica en sus clases: esta integración de los instrumentos pasa primero, por definir con claridad cuáles son los que la organización va a utilizar para planear y, también, por elegir entre las distintas propuestas académicas aquella que a juicio de los responsables del planeamiento resulte la más apropiada; garantizando con esto la normalización del lenguaje de la planeación y la correcta comprensión de su terminología por parte de toda la nómina.

Con relación a la elección y a los instrumentos de planeación que recomienda, él trabaja sobre la base de cuatro propuestas: la de James Stoner, R. Edward Freeman y Daniel R. Gilbert, Jr. en su célebre libro texto Administración, la de Harold Koontz y Heinz Weiririch en su no menos celebrado libro texto Administración. Una perspectiva global, la de Joseph Juran y Frank M. Gryna, Jr. en Planificación y análisis de la calidad y la de Jean-Paul Sallenave en su libro Gerencia y planeación estratégica.
Él es un convencido de que la Administración hay que desmilitarizarla, es decir desvincularla de los mandos del ejército y de la armada que suelen colmar hoy las escuelas de negocios, pero también despojarla de esa insulsa terminología belicosa que tanto daño ha causado en el mercado. Piensa, más bien, que hay que administrar la militarización, es decir llevar la administración a los cuarteles, en lugar de traer aquellos a las escuelas de negocios. Afirma que sólo es cuestión de sentido común.

A su juicio sólo se deben trabajar nueve instrumentos de planeación y prescinde de aquellos que han surgido producto de la aplicación de la terminología de guerra a la administración, a excepción de la estrategia, que como lo hace B. D. Henderson, la circunscribe al equilibrio competitivo de la empresa en el mercado. Los instrumentos de planeación que él considera relevantes son los que siguen:

La misión.- o "Declaración de maternidad" como la llama el profesor Joseph Juran. En la misión la empresa documenta su propósito principal y responde a las preguntas: quién es, qué hace, para quiénes lo hace, con qué nivel de calidad y qué tipo de responsabilidad social asume en su acciónar como organización.

La visión.- documenta la forma como se ve la empresa en el futuro sin precisar plazo alguno.

Los principios organizacionales.- definidas por Tom Watson Jr. (past president de la IBM e hijo del fundador de la compañía) como las creencias que adopta la organización y sobre las cuales estructura todo su accionar. Creencias que más que declaraciones deben ser verdaderas guías de la acción empresarial y base de la cultura corporativa de la organización.

Los objetivos.- son las proyecciones cuantitativas y cualitativas, tal como lo entiende Sallenave, que se refieren a algún atributo de la empresa, tiene una escala de medida, un umbral y un horizonte temporal.

Las metas.- aquellas acciones concretas que se deben de ejecutar para cumplir con los objetivos, ya que de hacer las cosas como habitualmente la hacemos, sería ilógico pensar que podremos mejorar la performance de la organización.

Los procedimientos.- son el conjunto de actividades que definen el curso de acción de los distintos trabajos que ejecuta la empresa.

Los métodos.- instrumentos de la planeación que definen la forma específica y peculiar de hacer cada una de las actividades de los procedimientos.

Los presupuestos.- el instrumento que permite a la organización controlar sus costos y egresos, así como sus ventas e ingresos, y

La planificación.- que es otro instrumento de control que permite calendarizar las actividades que se deben realizar para alcanzar los objetivos y ejecutar los procedimientos formulados y que permite, además, asignar los responsables de la ejecución de cada actividad.

A su juicio, es sobre la base de estos nueve instrumentos que la empresa define y escoge su rumbo. Lo importante, y esto también lo considero una contribución del profesor Lazarte, es la jerarquización ordenada que hace de estos instrumentos en su Pirámide de la planeación, para él: la misión, la visión y los principios organizacionales (en la cúspide de la pirámide), son los instrumentos de planeación que modelan la filosofía corporativa; los objetivos, las metas, los procedimientos y los métodos (en medio de estructura piramidal), los que definen la operatividad de la empresa; y, finalmente, los presupuestos y la planificación (ubicados en la base misma) que controlan las actividades que se ejecutan en la organización. (Véase la figura al inicio de esta entrada)

Pero la importancia de esta pirámide radica en su instrumentación a fin de de entender el divorcio que existe entre la academia y el mercado. Como lo afirma Lazarte, en la academia se enseña a instrumentar la planeación a modo de cascada: partiendo de la misión hasta llegar a la planificación, ya que es esa secuencia la que garantiza la estructuración y la cohesión del planeamiento. Pero en el mercado, la forma como operan las empresas es exactamente a la inversa; es decir, trabajan sobre la base de los instrumentos de control (la base la pirámide) y presionan a los trabajadores para el cumplimientos de tareas, cuotas y plazos, sin entender que el logro de todo ello depende principalmente de una clara definición de los instrumentos operativos de la empresa y, sobre todo, de la filosofía corporativa que hayan sido capaces de generar.

Es por esto que cuando los objetivo no se cumplen o las tareas no se ejecutan en los plazos previstos, entonces la dirección cuestiona el trabajo de la nómina y, en muchas ocasiones, echa mano al recurso fácil del despido. Sin darse cuenta que el sistema está escondiendo las llamadas perturbaciones crónicas (así llamadas por el profesor Joseph Juran), es decir: malos procedimientos y peores métodos de trabajo; objetivos y metas poco realistas y, lo que es peor, una débil y nimia filosofía corporativa, que son las causas reales del fracaso del trabajo.

Claro algo difícil de aceptar cuando los controladores son también los responsables de la planeación. Una prueba más de que no se puede ser juez y parte a la vez: que es, precisamente, el doble papel que cumple el Management en las empresas. Como siempre formulo una pregunta: ¿Quién controla a los controladores que son a su vez los que planean las acciones?

lunes, 1 de septiembre de 2008

Factores de producción y generación de riqueza

Una convicción difundida cada vez más en los círculos de negocios es la certeza de que el trabajo es el factor de producción más dinámico y el más importante en la generación de la riqueza y, por ende, el más importante en la creación del valor. Pese a esto pareciera que hemos avanzado poco en la mejora de las relaciones sociales entre los distintos factores de producción, principalmente en las relaciones sociales de producción entre el capital y el trabajo.

Contrariamente a lo que se puede pensar y, también, a lo que algunos nos quieren hacer pensar, esta convicción no es reciente. No la están descubriendo las escuelas de negocios y menos aún las universidades, ni los centros académicos en los que se enseñan las carreras de administración y gestión empresarial, ya que por cierto es de data muy antigua. Cuando los economistas clásicos Adam Smith* y David Ricardo**, descubren y coinciden en señalar que el valor de los bienes está determinado por la cantidad de trabajo que ha sido necesario para producirlos, es decir cuando afirman que el valor de intercambio de las mercancías esta dado por la cantidad de trabajo acumulado en ellas, implícita y explícitamente descubrían también que el trabajo era entre todos los factores de producción el más importante y el de mayor dinamismo.

Desde entonces (mediados del siglo dieciocho) si bien hemos mejorado mucho las relaciones sociales de producción entre el capital y el trabajo, sin embargo no hemos logrado acercarlos del todo y aún hoy ambos factores se encuentran en abierto conflicto, expresado a través de los movimientos laborales en defensa del trabajo y, también a través, de las decisiones que el capital toma con relación al trabajo, fundándose en la ley de la oferta y la demanda, es decir expresado en las políticas de despidos masivos, que se utiliza como primera medida para reducir los costos cuando disminuye el nivel de transacciones de las organizaciones. Pese a esta realidad: las empresas siguen declarando que los trabajadores son su mayor activo y las escuelas de negocios y universidades, siguen enseñando que el trabajo es el componente más importante de la competitividad de la empresa, en medio de una cultura de doble moral en la que, finalmente, siguen prevaleciendo los intereses del más fuerte.

A este panorama, desalentador y paradójico, se ha sumado la presencia de un nuevo factor de producción en conflicto: el Management, factor que se introduce en la empresa, precisamente con la finalidad de conciliar el capital con el trabajo, pero que deviene en otro factor en conflicto debido a la dependencia que ha desarrollado con relación al capital. El filósofo británico Bertrand Russell***, en su libro Autoridad e individuo publicado en 1949, señala: “El divorcio entre la dirección y el obrero ofrece dos aspectos, uno de los cuales es el conocido conflicto entre el capital y el trabajo, mientras que el otro consiste en un mal más general que afecta a todas las grandes organizaciones. No es mi propósito hablar sobre el conflicto entre el trabajo y el capital, pero el distanciamiento de los elementos directivos en una organización, ya sea política o económica, ya sea bajo el capitalismo o bajo el socialismo, es un tema menos trillado y que merece consideración”[1]

La pregunta que tendríamos que hacernos es hasta cuándo vamos a seguir promoviendo la cultura de la doble moral. Mientras no encaremos esto dentro de la empresa, las posibilidades de desarrollar una competitividad sistémica, se verá afectada por el conflicto real que existe entre el capital, el trabajo y la administración. Conflicto que ni las más sofisticadas técnicas de mejora del clima organizacional pueden resolver por si solas. Es necesario que nos replanteemos esta discusión propiciada por el filósofo británico Bertrand Russell, pero en honor a la verdad, descubierta por el notabilísimo escritor checoslovaco Franz Kafka, de quien nos ocuparemos en otra entrada de nuestro blog.

[1] RUSSELL, Bertrand: Autoridad e individuo. Breviarios del Fondo de Cultura Económica. México D.F. 1949
* La imagen de Adam Smith ha sido bajada del buscador de imágenes de Google y originalmente aparece en: www.cooperativeindividualism.org/land-question_r-s.html
**La imagen de David Ricardo ha sido bajada del buscador de imágenes de Google y originalmente aparece en http://original.britannica.com/eb/art-13741/David-Ricardo-portrait-by-Thomas-Phillips-1821-in-the-National
*** La fotografía de Bertrand Russell ha sido bajada del buscador de imágenes de Google y aparece originalmente en: http://lamediahostia.blogspot.com/2008/05/bertrand-russell-y-la-tica-de-la-guerra.html

miércoles, 13 de agosto de 2008

LA ACTITUD DE LOS DIRECTIVOS HACIA EL PODER

Como lo señalo en la primera entrada de este blog: “Poder y equilibrio en las organizaciones” entender el desempeño estratégico de una organización pasa por entender la importancia que tiene el manejo del poder en el seno de las corporaciones. Sin embargo, existirían dos perspectivas desde las que podríamos acercarnos al manejo del poder en las empresas: una determinista y otra que podríamos llamar culturalista.

La perspectiva determinista, entiende que la actitud del directivo frente al poder se vincula directamente con su naturaleza: es decir que por razones de su naturaleza adopta tal o cual actitud frente al poder. El determinismo con relación a nuestra cosmovisión y al modo como enfrentamos el mundo, es de vieja data. Se le atribuye al filósofo Empédocles de Agrigento*, nacido en la isla de Sicilia en la antigua ciudad de Akragas (494-434 a. de C.) la primera formulación consistente acerca de los fundamentos de la naturaleza en general, al afirmar la existencia de cuatro elementos, que combinados darían origen a toda manifestación material, a saber: el fuego, la tierra, el aire y el agua, a las que en conjunto dio el nombre de “raíces de la naturaleza”, pero además precisó la existencia de dos fuerzas eris y philía, esto es la querella y la amistad, el odio y el amor: fuerzas que junto a los elementos explicarían, según Oscar Adler (médico, filósofo, músico y astrólogo austriaco), el porqué y el cómo de los procesos y de la acción del mundo¹

Sobre esta base años después Hipócrates, el fundador de la ciencia médica griega, formularía su tipología humoral que preconiza la existencia de cuatro temperamentos, que Adler los define así:

• Temperamento colérico: violento y pertinaz
• Temperamento sanguíneo: violento y súbito
• Temperamento flemático: difícil de conmover y súbito
• Temperamento melancólico: difícil de conmover y pertinaz

Y que a su vez guardarían la siguiente correspondencia con los cuatro elementos:

• La bilis amarilla predominante en el colérico corresponde al Fuego.
• La sangre predominante en el sanguíneo corresponde al Aire.
• La mucosa predominante con el flemático corresponde al Agua y
• La bilis negra predominante en el melancólico corresponde a la Tierra.

Humores que se combinan en distinta medida en todos los hombres y que predisponen a la dominancia de uno de ellos sobre los otros. Así, partiendo de esta tipología primera, que ha servido para formular las múltiples tipologías modernas, podríamos explicarnos de forma determinista la actitud que tendemos a desarrollar respecto del poder, ya que ésta estaría signada por la naturaleza de cada cual y depende, principalmente, de una disposición previa otorgada por ella.

La perspectiva culturalista, a diferencia de la determinista, considera que el contexto prevalece sobre la naturaleza del individuo y que por lo tanto importa poco que predisposición se tenga por que ésta se modificaría con la formación que podemos recibir. Es decir el fundamento culturalista se basaría, a su vez, en el paradigma del aprendizaje como proceso modificador de conductas, que por cierto es limitado, ya que bien digo modifica el comportamiento pero difícilmente la naturaleza del individuo. A este respecto los latinos tenían un refrán: “Naturam expellas furca tamen usque recurrit”, es decir “Echa a Natura a horconadas, que siempre hacia ti volverá”, refrán que sirvió para que mucho después los españoles dijeran “Lo que Natura no da, Salamanca no otorga”, es decir lo que la naturaleza no proporciona, tampoco lo puede otorgar la Universidad. Verdades que a la luz de los hechos son irrefutables y que limitan el cambio de la naturaleza humana a un proceso interno muy complejo y poco conocido, denominado Alquimia que permite transformar lo inferior en superior y que facilita el proceso evolutivo del individuo.

Presentadas así podemos colegir que existen dos corrientes respecto al poder en las organizaciones: aquella que sostenemos quienes pensamos que la actitud del directivo frente al poder está determinada por la naturaleza que posea y la que sostienen aquellos que piensan que esta actitud se puede modelar a través de la formación proporcionada en los centros académicos y en las escuelas de negocios, por cierto éstas últimas cada vez más pragmáticas y menos académicas.



[1] ADLER, Oscar: La Astrología como ciencia oculta. Editorial Kier S.A. Buenos Aires 1956


* La imagen de Empédocles fue bajada del buscador de imágenes de Google y aparece originalmente en http://empedocles.acragas.googlepages.com/home

jueves, 17 de julio de 2008

PODER Y EQUILIBRIO EN LAS ORGANIZACIONES







“El exceso de autoridad es fuente del espíritu de lucha”
Lao-Tze* El libro del sendero y la línea recta.


¿Cuál es el verdadero núcleo de la competitividad de las organizaciones? ¿Qué determina el nivel de estructuración real de una corporación? ¿En qué se sustenta el manejo eficiente de los recursos en las organizaciones? Responder estás preguntas, claves para la explicación del desempeño organizacional estratégico pasa por entender la importancia que tiene el manejo del poder en el seno de las corporaciones y, también, por comprender el valor que posee para las empresas el logro del equilibrio en las relaciones sociales de producción.

Desde esta perspectiva sería necesario que los centros de formación en negocios, desarrollaran cátedra sobre la Teoría del poder, a fin de ubicar a los futuros directores y ejecutivos de las empresas en las distintas perspectivas que existen acerca del poder y la forma como éstas repercuten en la gestión y en el rendimiento de la empresa. Prueba de las carencias que tenemos hoy a este respecto, es la ausencia total del poder como tópico de preocupación en la terminología de negocios. Apenas si comenzamos hablar con cierta insistencia del Gobierno corporativo, que no es hablar del poder en sentido estricto, si no más bien del poder aplicado a la Responsabilidad Social de los Negocios frente a sus distintos públicos, sin que nos centremos en la cuestión esencial respecto de la manera como el poder ejercido de distintas formas, influyen sobre los más importantes factores de producción: el capital, el trabajo y la administración.


*La imagen de Lao Tze ha sido tomada del buscador de imágenes de Google y aparece originalmente en http://juliusevola.blogia.com/2006/septiembre.php